Esta mañana de lunes, el cambio esperado se ha notado sobremanera en calles y terrazas. Mucho movimiento en la calle, con seguramente la gente abandonando en gran parte el teletrabajo e incorporándose a su puesto de trabajo.

Es cierto que la concienciación de las mascarillas a ojo de buen cubero se impone al resto. Así y con todo, todavía hay muchas personas que no las utilizan seguramente apoyadas en la excusa de no haber aglomeraciones y mantener la distancia de seguridad. Pero en calles como Marqués de Campo, hoy, debía ser la tónica del uso generalizado de mascarillas cosa que no todos lo han cumplido. Por ello se ha echado en falta aquella escena en la que cuando comenzaron a ser más que aconsejables, la policía repartía las mismas. Hoy tocaba estar a pie de calle para recordar que incluso cuando llegue la nueva normalidad seguirán siendo obligatorias.

Se han observado las colas más largas a puertas de los bancos en los que había que esperar la salida de un cliente para entrar el siguiente. Y es que el asunto económico, la falta de cobro de algunos ERTES, la situación de precariedad empresarial que ha llegado a los ICOS, las peticiones de moratoria, presuponen dificultades a corto plazo que son un total desconocimiento de cómo iremos capeando el temporal en su momento.

Ahora la apertura al menos entre provincias y la llegada de la normalidad el 21 de junio, suavizará la situación y el turismo, al menos el nacional, ayudará a la reactivación de negocios que han estado con las persianas bajadas. Julio y Agosto van a suavizar la situación y más cuando la hotelería podrá, si bien no al ritmo habitual de estas fechas, respirar algo más.

Dejemos todas las preguntas en clave negativa para cuando acabe el verano que va a ser el momento de la verdad. Una al menos ¿cómo resolverá el gobierno, la caída del PIB, el desempleo, la economía sumergida que por supuesto va a crecer, los ingresos necesarios para ajustar lo desajustado.

Y para terminar, la conciencia del ciudadano sobre el que recae el que no haya rebrotes que eso sí podría sumergirmos en el desastre más insalvable conocido.