La navidad discurre como siempre rápida y con la cara de cada año con la tradición por bandera. Comidas por doquier, ambiente familiar y excesos también. Ahora encaramos la despedida del año que seguramente nos ofrece una ración más de todo ello, aunque en este caso, la familia se disuelve algo para dar paso a los amigos.

Quizá por ser días en los que los estudiantes están todos en sus lugares de residencia habitual, la frecuencia de la «foto» del botellón, se hace más visible y extendida. Además con el particular de que los jóvenes ya no se desplazan a lugares menos céntricos, lo que ha dado lugar a escenas realmente preocupantes. Incluso en la arteria principal de la ciudad de Dénia: la calle Marqués de Campo o el parking a espaldas del Hotel Costa Blanca, lugares ya tradicionales. Imágenes en algunos casos, afortunadamente los menos, acaban con la intervención médica por intoxicación etílica.

Ahí vuelve a abrirse el debate de lo caro que les resulta a estos jóvenes consumir en los locales de ocio por los precios que rigen en estos establecimientos. La pregunta es si esto es excusa suficiente y por supuesto no privativa de este o aquel lugar, esta o aquella ciudad. Esta situación no es moda porque viene de muy lejos. Ni vamos a negar que haya esfuerzo por parte de los departamentos municipales para concienciar sobre los peligros del alcohol y las drogas consumidas en un alto porcentaje también. El problema es que si ya los menos jóvenes se envalentonan o se desinhiben sobremanera en los jóvenes, esto llega algunas veces a mayores y el peor de los casos es cuando los que consumen en plena calle son menores.

El problema es que la prohibición está legislada, pero ocurre y seguirá ocurriendo porque incluso cuando los locales autorizados acaban sus horarios, entregan vasos de plástico para acabar la copa con lo que acabas, no siendo joven, terminándola en la calle.