Estos días, estamos viendo que se intensifican los controles policiales con motivo de los dos puentes que se vienen encima, el de San José y el de Semana Santa. Este jueves víspera de San José la, Policía Local de Dénia a media mañana montaba un control en las rotondas para aleatoriamente comprobar que no debieran entrar personas ajenas a la Comunitat Valenciana.

Sin embargo con toda la buena voluntad y la creencia de las autoridades de que este método es coercitivo y suficiente, evidentemente y visto lo visto, no lo es ni mucho menos suficiente.

El choque entre la salud y las medidas de desescalada para aliviar una situación económica casi en quiebra, es un debate que está siendo imposible equilibrar. La prueba es que en dos días, la curva parece de nuevo ascender. Y aunque en la Comunitat Valenciana y especialmente en la Marina Alta, las cifras son optimistas, de producirse un ascenso inmediato no habría que demonizar a la hostelería. Porque el mal está más allá, evidentemente. Y compete a las autoridades poner todos los medios necesarios, para evitar lo que sin duda es el punto crítico de la situación, las fiestas desmadradas y las reuniones en domicilios.

¿Que es muy difícil controlar este despropósito insolidario de tanta gente?. Lo es, pero se deben poner todos los medios y no vale con abrir expedientes porque está demostrado que en esos casos solo sirve tocar el bolsillo de los incívicos y desplegar un buen escarmiento. Porque esto se está convirtiendo en una pelota que sigue rodando sin visos de detenerse por mucha ilusión que se ponga en la vacuna.

Medidas de control cuando en el aeropuerto de Alicante y en otros, se abre la puerta de la Comunitat porque estamos en cifras optimistas, forma parte de la incongruencia como la que permite que se abra la frontera a países que mantienen la hostelería cerrada y España es la panacea para aquellos.

Por tanto, a pesar de que la necesidad de que el turismo salve su economía maltrecha, habría que valorar el resultado sanitario que derive de una desescalada precipitada. Y hasta la fecha, los ejemplos de las medidas políticas, no han sido, que digamos, de ayuda, más bien al contrario. Un desastre de poca claridad y comprensión que han desestabilizado comportamientos ciudadanos.

Y queda la responsabilidad. Una palabra que pertenece a las personas que lo han sido en la primera ola, en la segunda y en las que vengan. Pero quien no lo ha sido y lo seguirá no siendo, debe pagar, una cuota que al menos sirva para ejemplo de otros de ese comportamiento.