La mayoría de las actividades económicas de la Marina Alta fueron severamente afectadas durante el confinamiento y las posteriores normativas de pandemia. Pero si hubo un sector claramente damnificado fue el turístico. Los cierres y las restricciones–algunas de las cuales aún hoy perduran- han supuesto un duro desafío para todos los trabajadores, autónomos y empresarios del sector.

La pasada temporada turística, las vacunaciones y la rebaja en las restricciones de los últimos meses han logrado hacer que muchas empresas se mantuvieran a flote. Otras se perdieron por el camino. Poder trabajar con normalidad es mejor que cualquier ayuda que pueda darse con cargo al erario público, ya que estas han sido escasas.

No obstante, en un momento en que está a punto de volverse a la normalidad y a trabajar según las licencias, sin las restricciones impuestas por medidas antiCOVID, es absurdo que se plantee la imposición de una “tasa turística” por los siguientes motivos:

  • El sector no está totalmente fuera de peligro. Que el verano haya ido bien no significa que el invierno vaya a ser Por desgracia, el sector está muy lejos de alcanzar la ansiada “desestacionalización” con todo lo que ello implica.
  • Los costes empresariales se han disparado. Las subidas continuas de la electricidad y el gas afectan a toda la población, y también a las empresas que deben permanecer abiertas y a pleno rendimiento justo cuando las tarifas son más caras. Además, las recientes modificaciones del SMI conllevan -junto al aumento de salario base- un incremento de las cuotas sociales y también del recibo de autónomos.

Con estos factores en juego, la imposición de una “tasa turística” podría lastrar de manera funesta a un sector que en el año 2019 supuso el 15,5% del PIB de la Comunitat Valenciana y que está en estos momentos en proceso de recuperación.