No pudo ser. El decorado invitaba a supera la eliminatoria frente al Onda, pero la realidad es que el Onda no era una comparsa sino un equipo con oficio. Claro que la clave era que un play off a ida y vuelta no es un partido de liga regular y un 2-0, es decir, no marcar fuera te pone un muro casi casi infranqueable.

De entrada todo hacía suponer que marcando primero y pronto, los dianenses podrían lograr el objetivo, y la verdad es que hubo tres ocasiones en un quince minutos que invitaban a soñar. El Dénia agobiaba al rival, pero minutos después llegó el mazazo en una pérdida de balón que engatilló uno de los rivales con imposibilidad de que Maxi pudiera hacer nada. Había que marcar cuatro goles.

Pasado el 35, llegó el penalti que se encargó de materializar Guerrero a lo Panenka. El 1 a 1 dejaba la cosa mejor pero el esfuerzo físico tremendo iba a pasar factura.

La segunda mitad fue un quiero y no puedo con alguna contra muy peligrosa de los de Onda. La rivalidad en la grada, que por cierto se llenó hasta la bandera gracias al llamamiento de un grupo de aficionados comandado por David Molina, ponía al rojo vivo el partido con nervios más que dureza en el terreno de juego. El Dénia, sus jugadores, retaron al cansancio físico y siguieron creyendo. Pero el tiempo pasaba más rápido que nunca. Seguramente con ese abismo en el marcador, se quería la victoria, y esta llegó demasiado tarde con una cabezazo de Cesar en el descuento.

La historia jalonada por la convulsión contínua en casi media liga, terminaba en el centro del campo, recibiendo una atronadora salva de aplausos mezclados con la euforia visitante y las lágrimas de los jugadores dianenses.

No fue talismán el histórico jugador Brasi que recibió un homenaje en el centro del campo.

¿Y ahora qué?. De momento la Copa del Rey contra el Recambios Colón y cómo no los acontecimientos que deberá decidir la Junta Directiva esta misma semana tras un cruce de comunicados en la víspera respecto a una recaudación que finalmente irá destinada al grupo humano.