Lo de las obras en Dénia, es algo así como una enfermedad endémica que se agrava porque tiene dos sobrecostes que soportar. El primero, su duración, que no es lo grave si el resultado es bueno. El segundo es de pronóstico gravísimo: el dinero de más. Vuelvo a cansar a los lectores con aquello de que el dinero que sale para todo, sale de dónde sale, o sea de todos los ciudadanos y sus impuestos. El último caso de la estación de autobuses, es el más ejemplar por reciente, pero hay más, muchísimos más. En esto hay un tomo escrito que uno no acaba de leer por su dimensión. Y lo triste es que quien nos gobierna, seguro, que piensa lo mismo. Pero traga. No se puede cantar victoria porque los autobuses quepan o maniobren en la nueva estación. Porque lo que no se puede consentir es que desde el inicio, el expediente de la obra no sea tan clarificador, medido y detallado que evite estos desaguisados que acabamos pagando todos. La obra puede ser subvencionada por la Generalitat, el Estado o el Sunsuncorda, pero las consecuencias hay que evitarlas con un informe técnico preciso que evite no sólo un sobrecoste sino que acaba siendo una chapuza que quedará así de por vida. En esto, los técnicos municipales, no han dado precisamente muestras de competencia en muchos casos y lo peor es que la imagen que queda denostada no es la de ellos, es de quien gobierna.
Respecto a los plazos, en esto se ha de ser muy escrupuloso porque se adjudican las obras con unas condiciones a respetar sí o sí. So pena de penalizar a la empresa adjudicataria. Si se admite un sobre coste por errores se admite igual una quita por incumplimiento de los plazos. Lo decía el concejal de Podemos Julio Palacios, a la sazón, arquitecto. ¿Cómo se puede comenzar una obra sin un informe que es preceptivo y que su falta nos lleve a justificar el sobrecoste?. Ahí llega el quid de la cuestión: no pasa nada, se paga y punto. Como el pagano es el ciudadano, total.