Sí, este fue mi paseo por las “nubes” de un viernes en pleno puente. Una visión que contrasta hasta lo infinito con una Ciudad Creativa y Turística como Dénia y que permite no sólo atacar siempre a nuestros gobernantes que siempre tratan de combatir la “otra” imagen de una ciudad rica como la nuestra con campañas al final servibles en su mínimo porcentaje y que no logran detener una de las epidemias de los tiempos que corren. Claro esta ruta se aleja de Marqués de Campo, pero no mucho. Mi recorrido comienza a una hora no demasiado intempestiva, once y media de la noche. Calle La Vía entre un aroma conocido que penetra como ninguno pero que afortunadamente no logra descentrarte. Un grupo de jóvenes adolescentes desafían el “stablessiment” (palabro entre el americano y el valencià) y a sus pies se acumulan, latas, bolsas, papeles mientras en un balcón semiescondido entre la hojarasca de un árbol observa y espera confiada en que no lo hagan muy largo. Cruce con Carlos Sentí. Esta vez el aroma me hace cruzar de acera mientras una de mis acompañantes me cuenta que es pared-meadero habitual y que incluso ha visto a jovencitas usando este improvisado meadero. No es por desigualdad, es que es más incómodo. Ahí entramos a contar que esto sí es una epidemia, por la experiencia que nos da, pasear por otros lugares. Me sorprendo más abajo con la pared impoluta del famoso edificio inacabado en el cruce con Patricio Ferrándiz. Por fin, unos contenedores para vaciar unos periódicos viejos. ¿Dónde?. Pues levanto el contenedor que no está ni con mucho lleno, lo que no quita, para que se acumulen a sus pies objetos de todo tipo además de restos de basura habitual. ¿Será una exposición callejera?. Como estamos de puente. Ah, y el resto, dos contenedores más abiertos, seguramente siendo bien pensante, para que se ventile, porque el olor tira “patrás”. Por el Paseo del Saladar otra reunión adornada con restos de no sé bien qué, a sus pies. ¿Lo recogerán?. ¡Bingo!. Parque infantil de la calle Elche. ¡ Vaya, niños jugando a esta hora !. Pero no, me pasan un palmo y deben ser inspectores de seguridad, porque están saltando sobre uno de los elementos. Por fin, llego a mi coche. Un delator charco adorna también uno de los neumáticos. Bueno, será de algún perro callejero. Llego a casa y me cuesta un poco dormir, pero espero unos minutos porque está a punto de pasar el chaval de la motocicleta, sí el mismo de siempre, que a su paso hace temblar hasta el vaso de agua que en la mesita espera. Ya estoy durmiendo. Fin.