El día del traslado de la estación de autobuses en Dénia, ha sido algo así como el hecho más esperado de los últimos meses. Desde que las redes sociales comenzaron a ilustrar y a predecir las dificultades que se producirían para que los autobuses entraran en la instalación “provisional”. Hay dos situaciones contrapuestas en hechos como este. Por un lado, el lado morboso que el ser humano sin generalizar, evidencia. En este caso con avidez por que se cumpla el fracaso y solazarse en él. El otro lado opuesto es que al final, cuando esto se produce, las correcciones, como todo van a salir de nuestros bolsillo. Ya no hace tanta gracia. Mover señales, quitar farolas que molestaban, aparcar fuera de los andenes,  habilitar alguno exterior, sí, merece el calificativo de chapuza. Pero insisto, desde tiempo inmemorial los errores de este tipo no traen consecuencias más allá de tener que abonar los sobrecostes. ¿Responsabilidad?, ¿qué es eso?. Y no creo sinceramente que al político le haga gracia que esto ocurra. Pero sin aplicar responsabilidades, ellos mismos se echan piedras a su propio tejado. Es como lo de las obras. Unos dicen que hay rigor documental de que podían comenzar antes y que no necesitaban corregir el proyecto inicial. Los otros que todo lo contrario. Sólo que aquí en juego hay toda una catástrofe para los comerciantes. Ese coste yo no sé si puede merecer la pena, porque seguramente cuando acaban las obras casi todos estarán contentos con la mejora. Pero, repito, el coste. Sabíamos que Dénia estaría patas arriba. pero lo esperábamos mucho antes no hipotecando el verano. Hablan los opositores de que dará rédito electoral por la proximidad de los comicios municipales. Yo desde luego no me arriesgaría a ello. Se podría sumar al desgaste que de por sí el poder conlleva.

En definitiva, que por una u otra causa, la ciudad de Dénia vive en permanente estado de tensión. Es lo que más me hace reflexionar. Hay Consejos de todo tipo y no se resuelven los conflictos vía diálogo. Todo comienza con buena voluntad y acaba diluyéndose en el tiempo, como la Policía de Barrio, ¿recordáis?. Y ¡ojo! que no estoy hablando del actual gobierno de la ciudad. Estoy remontándome en el tiempo para comprobar que en este sentido, las cosas nunca cambian.