Siete y media de la mañana. Calle Carlos Sentí, Dénia. Una chica jovencita, ¿18 años?. Lleva en una mano la correa de la que tira un perillo joven, peludo, blanco, pequeño, en la otra, una bolsa azúl y una botella de agua. De pronto, el perrillo, se detiene en una cañería cercana a un portal en el que me dispongo a entrar. Espero. El perrillo, olisquea y hace pipí. Atiendo porque veo que la joven no comienza a andar y observo sin disimulo. Agarra la botella, destapa el tapón y lanza un chorrito sobre la meada. El perito que va “ganoso” vuelve a orinar y misma operación por parte de la chica. No me callo y le digo: “así hicieran todos, gracias”. Me devuelve las gracias y me quedo barruntando que he cometido el error de no sacarle una foto y publicarla a los cuatro vientos con dedicatoria incluída a los cuatro guarros de rigor y enviarla al Concejal delegado para que la incluya en la campaña anti cacas. Juventud divino tesoro.