El impacto que ha tenido la movilización masiva de las mujeres en la huelga del 8 de marzo, ha sido un refuerzo más para aquellos que defienden la calle como el foro alternativo a parlamentos y órganos de gobierno. Una calle en orden y sin violencia de ningún tipo, está consiguiendo hitos que los políticos en sus “reductos” parlamentarios no logran por estar bajo la bandera de un pasmoso inmovilismo, dedicados a hablar unos de otros y estar en permanente estado preelectoral. El 15 M o la movilización de los pensionistas junto a la citada, han demostrado que es la única manera de ejercer presión sobre los partidos políticos. Sí, seguramente, pensando estos en rédito que puedan extraer de todo ello. Pone incluso en entredicho la excusa argumentaria de que como delegados de la ciudadanía por sus votos, hay que dejarles gobernar y hacer. Y sí, lo han sido para preservar el bienestar de los ciudadanos y su dignidad tal como recoge la Constitución. Pero no lo hacen. Contravienen la misma que tanto pregonan y dan a la calle con su actitud, un aval para que sea un foro paralelo. Todo indica que esto va a crecer más hasta lo imposible. Que sería hacer realidad el comportamiento político real para y por los ciudadanos.