¿Qué hacemos con el verano?. La gran pregunta de cada año. Curioso y a la vez digna de un buen analista. La mayoría nos pasamos esperándolo durante la mayor parte del año. La playita, la cervecita, las vacaciones. El negocio que incluso hacen los que no se comen un colín durante el resto del año. Pero, ¡ah amigo!. Todos estos idílicos condimentos se nos atragantan a los que no vivimos del estío. Apenas podemos circular sin tragarnos colas de vehículos, retenciones, carencia de aparcamientos. Y como estamos acostumbrados a ello, no es lo peor. Lo peor es cómo conciliamos nuestra vida habitual con el que está “vacacionando”. El problema es muy complicado de resolver, sin embargo creo que no se hace de las instituciones lo suficiente. Insisto, es muy complicado. Pero hay cosas que sí se pueden abordar. Hay normativas que castigan las obras durante julio y agosto. Y si no tanto, al menos se pueden regular horarios que faciliten el descanso de todos, nativos y visitantes. Desde las instituciones se puede arbitrar el descanso con el nivel de ruidos (caso del EriÇò y otros mil). Se puede controlar los horarios de recogida de la basura (movida de estos día al margen). No se puede cometer la barbaridad de estar pintando señalíticas a media mañana. Tenemos en pie de guerra comunidades de vecinos en Dénia y en Jávea que al final acaban en los tribunales. En el caso de Dénia, con el agravante de ser una ciudad creativa obligada a mantener unas obligaciones de turismo de calidad. Luego está el incivismo, el jardín que se corta a partir de las cuatro, el botellón…..Todo esto es muy complicado de atajar. Pero comencemos por lo que sí se puede hacer con norma y orden. Simplemente. No hace falta por ejemplo aplicar tan duros y complejos trámites para las entidades festeras. Orden y normativa y aplicación de la sanción que conlleve. Se ha visto en las Fiestas mayores y en los vecinos que trabajan al día siguiente. Mano izquierda sí, pero mano derecha también. Todos somos hijos de Don Impuesto.