Agradezco profundamente al amigo David haber seguido en las redes sociales un comentario que viene a hablar de los pinos que pueblan los barrancos del Montgó y Campusos. Porque ha sacado del ostracismo aquel invento del Catálogo de Arboles Protegidos y que vigilaba una Comisión del Arbolado. Pasado el tiempo, desconozco si esa Comisión existe que seguramente no, porque aquí tenemos la costumbre, matizo, tenemos, de crear comisiones, campañas etc., que duran lo que un caramelo en el patio de un colegio. En el caso de los barrancos, propiedad de la Confederación, el estado de los mismos ya no me preocupa tanto por el efecto estético de la suciedad que acumulan como del peligro que representan en el caso de un incendio convirtiéndose en ríos de fuego hacia la desembocadura de los mismos, único lugar que aparece limpio para la foto preceptiva. Si ese es el hacer de la Confederación y lo unimos a como nos han dejado los caminos con el fallido alcantarillado, me parece y es duro decirlo, que están provocando la insurrección de los vecinos.

Es como lo de los pinos. En el Castillo ya se ha actuado. Y todavía poco. En los barrancos desde donde se meten en las parcelas, donde las raíces levantan muros, ¿quien actúa?. Y peor, ¿con los que son vecinales y te están levantando la casa?. Dicen que hay un protocolo en estos casos. Pero esto de los protocolos es como el que figura en los libros de magia. Sí, esos que no los ve ni el mago que los ha escrito . Ya lo de la Comisión me pareció un invento con gaseosa, porque para eso está la autoridad competente cuando se actúa salvajemente o por un interés especulativo. Pero en el resto de los casos ¿qué hacemos? .