Según los últimos datos publicados en el DOCV, la Xylella fastidiosa afecta ya a 1.250 hectáreas en tres comarcas. Esto supone que el 27% de las parcelas de la Marina Alta (sobre todo Xaló), la Marina Baixa y El Comtat ya están infectadas por esta bacteria para la que no existe cura conocida y que si bien hasta el momento sólo ha afectado a los almendros, puede anidar en 370 especies vegetales distintas. Dado que estos datos son de febrero, es muy posible que a día de hoy sean muchos más los focos detectados. Por ello, Cercle Empresarial de la Marina Alta ha iniciado una campaña de concienciación sobre este problema, que requiere en cualquier caso de la toma decidida y valiente de medidas efectivas que sean capaces de impedir, o al menos paliar, el desplome económico de la comarca.

El principal escollo en estos momentos estriba en la divergencia de criterios para el tratamiento, según se desprende de la última reunión realizada con representantes del sector agrario. Si bien todos los expertos, sin excepción y dado lo acontecido en Italia con los olivos, son conscientes de la magnitud del problema, existen en la actualidad dos corrientes distintas para su tratamiento: la contención y la erradicación.

La erradicación, que es la que se está aplicando en la actualidad dentro de la Comunitat Valenciana, conlleva eliminar todas las unidades susceptibles de ser infectadas en un radio de 100 metros desde la unidad en la que se detecta un caso; y después, se replica este procedimiento con cada nuevo caso que se vuelva a detectar. En la contención, por el contrario, se eliminan únicamente los ejemplares infectados y se lleva un control de la zona y de los insectos propagadores (vectores). En ambos casos, se debe proceder a la fumigación para eliminar dichos vectores, pero a su vez esto puede poner en peligro a las poblaciones de abejas, imprescindibles para la polinización de otras especies de interés paisajístico y agroalimentario.

Puesto que la Conselleria de Agricultura y Medio Ambiente obliga a la erradicación, en un plazo muy corto de tiempo vamos a asistir a la tala y destrucción de más de 30.000 árboles, con unas indemnizaciones muy escasas y el consiguiente perjuicio para los agricultores. Ya hay voces en contra, sobre todo desde que la Unión Europea autorizase el protocolo de contención en Baleares. De hecho, ASAJA, ha sido de las primeras en exigir el cambio de protocolo.

La situación es extremadamente preocupante, y a todos los niveles. Desde CEDMA consideramos que la sociedad no se puede poner de perfil ante este asunto ya que nos afecta de lleno en esta comarca. Más allá de la catástrofe que supone desde un punto de vista estrictamente medio ambiental -y que puede alcanzar proporciones difícilmente mensurables- sabemos por experiencia que todos los sectores económicos están tan íntimamente relacionados que si uno de ellos falla los demás se tambalean.