Una de las noticias que más trascendencia ha tenido en los últimos días ha sido el anuncio del Jefe de la Generalitat Ximo Puig sobre la apertura de conversaciones con Marina Salud para la reversión de la Sanidad en la Marina Alta. Inmediatamente se han pronunciado, sobre todo, los Alcaldes de la comarca y los partidos políticos. Naturalmente en favor de esa actitud e iniciativa, que por cierto, a diferencia de la realizada en el Hospital de La Ribera, aquella está concedida hasta el 2024. Por eso es muy importante, primero intentar desviar el anuncio de su resonancia electoral. En este año que resta para las elecciones, ya se mueven las fichas en esta dirección. No digo que sea el caso. No digo que la reversión no sea necesaria. Pero quiero colocarla en uno de los platillos de la balanza obviando la satisfacción de los pacientes y la actitud de los profesionales que trabajan en el Hospital y los centros de salud. Coloco a una empresa que como todas ha de presentar resultados económicamente favorables y ello la condiciona y condiciona a sus trabajadores pero también a sus dirigentes en la segunda escala. Ha de ganar dinero. De acuerdo. Pero en el otro platillo, coloco lo público. Evidentemente su servicio ha de ser público. Pero no olvidemos que fue la administración política la que ante el desfase económico que soportaba optó por ofrecer a la empresa privada, su sanidad pública. Esa es la gran preocupación. Lo público no significa que sea de unos pocos. Lo público es de todos. Y son los ciudadanos los que sostienen lo público. Lamentablemente hubo un tiempo en que la política consideró lo público como un chollo para comenzar a aprovecharse de ello. Llegaron los sueldos estratosféricos comparados con el “populacho”. Llegaron las pensiones y los planes de pensiones a cuenta de los ciudadanos, los móviles, las tarjetas, los ipad, las pensiones vitalicias, tejiendo unas prebendas que hoy siguen disfrutando. Total el dinero, lo pone el pueblo. Total, nos podemos endeudar porque hasta las leyes lo permiten. Así están las autonomías, los Ayuntamientos etc.etc.

Volviendo al asunto que nos ocupa, la sanidad volverá a ser pública, sí. Pero no por ello puede volver a producirse ese desfase en la gestión pública. En la económica, humana y material igualmente. Los gestores que sean designados deberán poner todo el celo en el mundo, no para ganar dinero, pero sí para cumplir con su trabajo de gestión del dinero de todos, haciendo todos los malabares que hagan falta, para que el profesional esté satisfecho pero también a gusto el paciente en el trato a recibir. Porque al final de la corrida, gestionar con el dinero de todos no puede ser una tentación que no vive arriba, sino que pisa el suelo y no puede acabar solventando el problema el pagano de siempre.