Cuando se nos va una persona que deja huella en un campo, en este caso y más hoy, la gastronomía dianense, no se lleva consigo todo el legado que deja a una ciudad hoy reconocida más allá de la propia España. Ese legado como dice bien su significado, queda aquí para siempre. Lamentablemente las personas, el ser humano, se olvida pronto de los personajes como el que nos ocupa, más allá de su propia familia. Es evidente que está la Asociación de Hostelería que se encarga de poner las cosas en su sitio. Pero conviene que los medios escriban y perpetúen ese legado que nos dejan personajes como Diego Mena, Pepe el Pegolí, pero no nos olvidemos de Jean Pierre. Este llegó a Dénia con quien aunque no tuvo consanguinidad (Juan Fluxá), hicieron, hizo de Les Marines, un «santuario» de primer orden turístico. Bona Platja ha sido y será una referencia de la cocina de aquí imprescindible. Pero no sólo de la cocina. Lo fue de ese «paraíso» playero atestado de turistas. Y eso tampoco completa lo que ahora  afirmaremos sin temor a equivocarnos. Esa «santa» casa fue requerida por decenas de colectivos a lo largo de su historia que no sólo disfrutaron de las bondades del buen comer o del comer en mayúsculas (mesas a rebosar) si no de esa visión de negocio, que no era la premisa para los Barber. Antes eran los colectivos que demandaban su local para las pertinentes celebraciones. Y lo mejor de todo esto que aquí se refleja, es que quien lea estas líneas, estará totalmente de acuerdo con lo que se describe. Más por cuanto Jean Pierre deja dos sucesores de tal calibre. Sus hijos Eric y Jean Michel.

Por tanto, lo escrito, despedimos precisamente el día en que Dénia celebra su Concurso Nacional de Cocina Creativa con la gamba de Dénia, a todo un referente de la gastronomía. Concurso que verá mientras navega con buen viento, porque su barca, no olvidemos fue también parte importante de su vida, casi tanto como su esposa Maruja.