Aborchonado por la naturalidad con la que el PP está siguiendo la evolución del Juicio de la Gurtel, no dejo de pensar en lo poco que hemos hecho los ciudadanos de a pié con el “manipuleo” de nuestro dinero. Muchas palabras y pocos hechos para ese “alzheimer” político que les impide recordar de dónde sale el dinero que manejan en su propio beneficio salarial y en el de sus intereses claros y oscuros. Ni siquiera en las pequeñas ciudades se evitan casos de utilidad de las arcas municipales en sus salarios y en sus “proyectos” siempre en beneficio (jajaja) del ciudadano. Digo poco, porque nosotros tenemos la culpa. No por el castigo del voto hacia los que meten la mano en nuestra hucha. Sí, nuestra. Sino porque la conformidad hoy es casi absoluta. Nos volcamos en palabras, como yo estoy haciendo ahora, pero no en acciones.

A nivel municipal, pasa también, incluso en el deporte. Ya veis lo que está ocurriendo con el Calpe CF. Aunque lo del fútbol es caso a parte. Ahí la tónica es que los clubes privados exigen subvenciones públicas y luego no pueden ni gestionar bien un presupuesto. En Dénia está ocurriendo desde los primeros tiempos. Y al final, contrariamente a lo que se decía antaño a los directivos les cuesta dinero del bolsillo tras recibir un buen moco. Ahora ha pasado con los directivos y el Fútbol Sala y antes les pasó a algunos directivos de éste con otro hecho humillante: la salida al campo varios partidos con las camisetas denunciando los impagos del Club. Pero yo no recuerdo en mis 35 años de seguir al Club que una temporada acabe saneada y con los jugadores cobrando al día.  Diréis que no es lo mismo. Vale. Pero ahí también hay dinero público. Y los Ayuntamientos han optado por intentar contentar a todas las asociaciones sobre todos deportivas y festivas, cuna de votos. Aplaudí en su día la iniciativa de Ricard Pérez de establecer baremos bajo la categoría y más aún la cantidad de seguidores que tenga un Club o una asociación.

Pero fuera del deporte es evidente que el dinero público es tentador y que quien está cerca, con sonrojo, los pocos, si vergüenza los muchos, y sin generalizar, se debiera introducir una especie de sistema de control ciudadano real y no teórico, a la hora de elaborar unos presupuestos, en los que con detalle y no con disimulo, se especifique lo que nos cuesta el staff político.