Es la pregunta que viene a formularse cuando estos días, las redes sociales, se llenan de estadísticas y previsiones sobre cómo será la vuelta progresiva a la normalidad.

Por de pronto, la oscilación en las cifras y la falta de hacer test masivos, sería uno de los argumentos a la hora de no ser tan optimistas. Es cierto que la tentación «vive arriba» y que algunos países ya han hecho público su plan de desconfinamiento y además a corto plazo.

Y en Dénia, municipio en el que la fiesta es una constante abundante, ha motivado muchas de las preguntas formuladas al Alcalde de Dénia en su comparecencia  los miércoles a través de facebook.

Pues bien, de momento el mundo de las Fallas acordó su traslado a Julio. Cierto es que el estado de alarma se produjo con alguno de los ninots ya en la calle y que por tanto su ejercicio estaba ya cerrado prácticamente. Eso y el gasto de los artistas.

No ocurre igual con los moros y cristianos que todavía no habrán realizado su desembolso, además de que los cargos, desde el Mig Any, no han podido disfrutar de su año.

Otro tanto ocurre con las Fiestas Mayores de Julio que ya  no por solaparse con las Fallas, quedarían lógicamente en un segundo plano.

Hemos visto como Alcoy está debatiendo suspender sus Fiestas en un principio pensadas para octubre, lo que no daría margen a los cargos del 2021 para confeccionar sus boatos y lo que económicamente representa. Muro, ya las ha suspendido.

Por tanto, una de las lógicas sería suspender aquellas Fiestas que además como las Mayores, podrían suponer un ahorro efectivo para las arcas municipales y emplear ese dinero para aliviar la crisis económica de tantos y tantas como va a venir después de la pandemia.

Por el asunto económico. Por el desarrollo de un ejercicio completo y ¿porqué no?, por un ánimo tocado en muchos por el fallecimiento de tantas personas especialmente nuestros mayores, suspender las Fiestas, no sería un mal mayor, al contrario. Y eso, si para este verano ya se permiten los actos multitudinarios, que no está claro.

Téngase en cuenta este editorial como una reflexión en voz alta de un pensamiento respetuoso con todos los criterios que existirán al respecto, especialmente los turísticos tan afectados y que no es un criterio antifestero, si no más bien colocar a la Fiesta en el lugar que le corresponde cuando estamos viviendo lo que estamos viviendo.