Desde luego, el título, hace honor a una de las máximas verdades del caminar por la vida. Pero al margen de la amistad, es cuestionable cuando lo que se valora son otros detalles del perfil de las personas.

En el caso que nos ocupa se puede asegurar sin temor a equivocarnos, que Salva Pons, deja huella sobre todo, en el grupo de amigos que deja en la Filá Almorávides de la que no fue fundador, pero a la que se incorporó, un par de años después. Y estamos hablando de 1982, lo que se traduce en 40 años de amistad, aval para certificar lo que de él se diga en este recuerdo.

Y se dice que como persona fue un ser extraordinario, amigo de sus amigos, dicharachero frente a una posible apariencia contraria. Alegre y de buen verbo e inteligencia propia de quien conseguiría con facilidad el título de arquitecto.

En la fiesta fue elegido Capitán Moro en 1990 y en la fiesta mostró ese peculiar carácter que manejaba bien en muchos terrenos. La gastronomía, por ejemplo. Hombre de buen comer, evidentemente. Un gastrónomo de primera división.

Quizá donde no llegó a ser feliz completamente, quizá, fue en el terreno político. Asesor de Gent de Dénia y posteriormente de Ciudadanos por los que se presentó a unas elecciones en la lista (nº 4). Pero es que ¿la política, da la felicidad?.

Sí lo fue en el desarrollo de su profesión indudablemente con muchos ejemplos que podrían ser citados. Más aún junto a su compañera Rosa, que se fue hace muy poco y quizá «atrajo» a un  Salva roto en sus entrañas por amor a esa mujer, apoyado en dos hijos que cumplen los perfiles de la heredad.

La salud se le complicó en los últimos años pero navegó victorioso hasta que nos dejó este 9 de enero de 2021.

Y queda por reseñar, el legado familiar a la historia de Dénia con la fundación por parte de sus padres, del Hotel Costa Blanca.

Se podría seguir, pero, la historia, acaba aquí, con ese vació que deja el amigo y el dianense que se ha ido y que no será olvidado jamás.