Ante todo y por supuesto dando por buena la decisión policial dianense de vigilar las aglomeraciones y que se cumplan las medidas anticovid en los establecimientos de ocio nocturno, conviene repasar los testimonios que han dejado en esta sección últimamente por el debate de algunos comportamientos de los jóvenes que acuden a ellos.

Testimonios que hablan y bien de los encargados de esos locales, que tratan por todos los medios y por lo que se juegan, cumplir y hacer cumplir las normas establecidas. Y no lo tienen fácil, porque hay una cantidad importante de jóvenes a los que les importa muy poco las normas, algo observable en las colas de acceso, apenas mascarillas, y más de lo mismo escudándose en el beber. Lo de la distancia social ya es de incumplimiento manual. Por eso no está de más la decisión policial. Pero esta decisión debe apoyarse en los propietarios y encargados de los locales en cuestión que deben poner todos los medios para que tanto en el perímetro como en el interior, sea autosuficiente sus maniobras y estrategias de control.

Entonces ¿en qué debería centrarse la actuación policial?. Evidentemente en patrullar otras zonas tradicionales de botellón, concentraciones numerosas en plena calle y acudir sin excusa a las llamadas vecinales por la organización de fiestas nocturnas en casas particulares. ¿Complicada misión?. Sí. Dénia tiene 22 kilómetros de costa, una periferia monumental. Pero las redes sociales en este menester estarían siendo de ayuda puesto que están repletas de ejemplos y lugares que pueden ayudar a la policía.

Y no se trata de convertir la noche o el día en elementos de un estado policial. Pero lamentablemente nos jugamos tanto, se juegan tanto los que ya han salido terriblemente perjudicados que hay que intentar concienciar por todos los medios al alcance, de lo que está en juego. Es de perogrullo, cerrar los locales de ocio de otras poblaciones cercanas cuando es tan sencillo desplazarse a otras.

En lugares concretos se aprecia una laxitud quizá para no ahuyentar al turismo. Pero es que con ese laxo proceder puede que se acabe peor. El Consell ha aprobado ya las sanciones por no llevar mascarilla y algunos la única medicina que entienden es esa. Sí, afortunadamente son más los que cumplen y recuerdan que en el peor momento del confinamiento abogaban por los controles y las sanciones.

Ahora se echa muy en falta una machacona campaña de difusión de aquello a lo que se nos obliga y estará razonada o no la comparativa entre lugares (bares y restaurantes) donde no se obliga a la mascarilla. Pero por de pronto, sólo donde no se cumple la norma, fiestas particulares, celebraciones familiares, se están dando la mayoría de rebrotes.

A nadie nos resulta cómodo llevar mascarilla en plena canícula veraniega. A muchos incluso les parece ineficaz. Pero las normas están para cumplirlas y no es un capricho español como se ha comprobado. Regresar atrás es darle la estocada definitiva a nuestro futuro