Con el paso del tiempo el Dénia no cabe duda que ha ido mejorando en su juego. La intensidad con la que lo hace no puede reprocharse pero pisa el área en contadas y claras ocasiones y no las aprovecha porque no tiene a nadie que esté con la caña preparada en el lugar que corresponde. Le volvió a pasar en Pego aunque salió derrotado por un solitario gol de Rico de penalti mucho más que discutible.

Comenzó con Garrido y Juanito en el banquillo a quienes necesitó en la segunda mitad visto lo visto. Así que cuando abogamos por dar confianza a los jugadores, luego se ve que los cambios contínuos en el once no conducen al propósito referido aunque esta vez Jordi estaba sancionado para este encuentro y ya es un gran handicap. Y más en un partido en el que el equipo visitante debía conocer a la perfección como juegan los locales que comenzaron apretando y poniendo en apuros al Dénia. Como el Dénia tuvo respuestas y no pocas pero sin  el gol como siempre. Reprochar esto por la goleada contra el Pedreguer no vale, porque los pedregueros con un equipo apañadito no es más superior que los de Esteban. Y ese es el grave problema con el que tropieza el conjunto amarillo, que en ocasiones como las del Cervantes y tantos otros partidos anteriores, acaba derrotado a pesar de las claras ocasiones que genera. Y es una verdadera pena porque tiene una buena marcha hasta el último minuto y ha demostrado ser un equipo incómodo para los más y los menos fuertes.

Por tanto, ahora que viene diciembre, el Club debiera hacer un esfuerzo más por encontrar al que empuje el balón a la red.

Del partido poco que contar, típico derbi que tuvo a la colegiada con cierto protagonismo en el reparto de tarjetas y que cargó en el debe del Dénia, que incluso perdió por ellas al portero Maxi. Y que como cada partido que juega fuera, al final acaba diciendo aquello de merecimos algo más pero acabamos perdiendo como siempre.