Está siendo sin duda el debate más extenso, intenso y controvertido en las redes sociales: los apoyos a los políticos catalanes ingresados en la cárcel. Nunca mejor dicho, han hecho arder las redes sociales tal como llamamos a una tertulia quincenal que organizamos los miércoles en MONTGORADIO.COM. Y todo a cuenta de que se ha trasladado a Dénia una manifestación promovida por una Plataforma en contra de la decisión del Juez Llarena. Lo triste del caso es que el insulto, afortunadamente, los menos, han caldeado más si cabe el ambiente. No sé si peco de ignorante creyendo que más allá de los separatistas, no hay nadie, independentistas incluído,s en sus cabales que pueda defender la chapuza realizada por unos políticos mediocres, que han desdeñado a la mitad del pueblo catalán que quiere seguir formando parte de España. Esto, sobre todo, es suficiente argumento para haberles inhabilitado. Seguramente este mecanismo corresponde a la Justicia, pero sigo pensando que el Estado no ha sabido manejar la situación y además lo ha hecho presionando a Ciudadanos a sabiendas de que la formación naranja nada puede hacer. Este es el lado oscuro de nuestros políticos. Sólo piensan en el rédito electoral. ¿Para qué sirve un 155 que consiente todas las esperpénticas formas con las que nos han «deleitado» unos independentistas que lo hacen gracias a una Ley Electoral que por interés de los grandes partidos permite tener más diputados a los que tienen menos votos?. Tan mal se ha manejado la situación que no me extraña que la UE  «pegue la cabotá» por interés asociativo y a nuestras espaldas se descojone de nosotros.  Volviendo al debate carcelario no por echar más leña al fuego se hace antes la paella. Una retirada a tiempo del pasaporte y la inhabilitación, tal vez hubieran ayudado  mucho más. Ahora una mayoría, desdeña como consecuencia de la actuación de aquellos, al pueblo catalán, metiendo en el mismo saco a todos, incluidos los más de dos millones de catalanes que votaron NO al separatismo. ¿Es triste o no?. ¡Ah! y esta es tan sólo una opinión que no pretende sentar cátedra dicho para los intolerantes que no pueden resistirse a la libertad de opinión sin echar espuma por la boca.