Las lluvias y el mal tiempo han influído como era de esperar en las previsiones de ocupación de la primera quincena de septiembre. Una vez más se han realizado previsiones en base a los censos que maneja turismo pero que obviamente en la proporción de la capacidad de los hoteles y los alquileres que manejan las pocas agencias que los facilitan (sigue siendo una asignatura pendiente la declaración de centenares de ellos), no cubren esas expectativas. Por una regla de tres: A menos cantidad que contar por oficiales el porcentaje sale mayor que la realidad. Porque es evidente que este no ha sido un buen verano. Que la primera quincena de agosto sigue siendo el único tramo que nos acerca al 90 por ciento y que el resto lo salva el turismo residente. Para más inri ha sido un verano atípico en el que el tiempo ha jugado un papel negativo solo paliado por el calor y la fuerte carga de humedad a pesar del mal tiempo.

En Dénia el mal tiempo se asocia al depósito de algas que han tenido que ser retiradas por miles de toneladas, un fenómeno  inevitable que sí lo es en el caso de los botellones que se han prodigado en las playas más cercanas al casco urbano sobre todo en el Raset dónde el pasado fin de semana vecinos, siguiendo la consigna de una plataforma provincial procedieron a la recogida de miles de colillas y restos de plástico, material que a pesar de la intención de hacerlo desparecer, las grandes superficies y muchos comercios siguen facilitando su consumo. Todo ello deja en mantillas la teoría de que los perros no deben pisar la playa porque la contaminan.

En todo caso, la reflexión se impone, porque a pesar de las temperaturas, el tiempo está acelerando el final de verano antes de su fecha oficial.

Foto: Rotary