Acaba una semana convulsa a nivel político con una dimisión y con un plenario en qué todos los regidores afirmaron que no se han vacunado y con el compromiso de dimitir de manera inmediata del cargo y renunciar si se demuestra. Esto a raíz de una moción del PSPV no presentada en tiempo y forma y que anulaba la moción anterior presentada por el PP con otros grupos en la cual se pedía una comisión de Investigación. Hasta aquí todo claro, evidentemente Compromís apoyó a esta moción, como los otros grupos, porque no tenemos nada a esconder y porque pensamos que dimitir es, como mínimo, una obligación moral en estos casos.

Si bien la regidora Cristina Morera ha dado un ejemplo, y ha tomado esa decisión por moral y para proteger a sus compañeros de partido, ellos no se plantearon revocar sus competencias ni jefa otra acción amparados en que “la culpa fue de la secretaría de Salud Pública”.

Es una actitud muy leal defender y apoyar a tu compañera; pero de ahí a victimizarla y reiterar que la culpa fue de Salud Pública, es muy cobarde y demuestra una vez más la falta de humildad constante del partido durante todos estos años “Cuando me equivoco es culpa de los otros, cuando acertamos es mérito mío”.

Pero a este primer error, se le suma otro, y es guardar silencio, o el que es el mismo, esconder, mentir. La regidora ha pagado por su error eximiendo a sus compañeros en este sentido. Pero si no se hubiera filtrado a prensa, nunca lo hubimos sabido. Y esa es la verdad. “Por quien lo supo la prensa?” preguntó Carrió ayer en el plenario. “Alguien de vuestro partido en Consellería se botó la protección de datos” le recriminó el alcalde. Es decir, no solo NO han practicado la transparencia, sino que la condenan. Qué podemos esperar pues a partir de ahora?

La tercera cuestión es que afirman que NO lo sabían. O sea, la teoría es que los mismos compañeros que defienden el error de Morera, culpando a Salud Pública, no sabían nada hasta el miércoles a mediodía cuando estalló este tema. Esa es la teoría, y el que defendieron ayer.

Pero el hecho es que si efectivamente lo sabían, no han tenido honestidad. Y si NO lo sabían, han sido ignorantes. Que el alcalde no sepa de la irregularidad de un miembro de su equipo en uno de sus edificios público, durante dos semanas, es igual de peligroso.

La investigación de Salud Pública esclarecerá quien más se ha equivocado o quien más se ha botado el protocolo. El que se acordó ayer fue que “las conclusiones del informe final de la investigación se informarán de primera mano a toda la Corporación municipal”. Dadas las circunstancias tenemos suspicacias de que nos contarán, cuando y por qué. Ustedes dirán, pero cuando en política se pierde la humildad, la transparencia y la honestidad, también se pierde la confianza.